Libro decepcionante que no responde a lo
que el titulo sugiere (salvo en un sentido muy estricto de narrar la primera
exhumación de restos asirios conocida). No se trata de una revisión del
nacimiento de la asiriología sino, tan sólo, la vindicación de su primer
protagonista (Paul Emile Botta) y sus excavaciones Korsabad. Resulta
interesante conocer de primera mano (muy acertado anejar las cartas - informe
que enviaba a Francia, de la que era cónsul, para solicitar ayuda y fondos) ya
que se muestran como fueron los primeros tiempos de la arqueología en general:
cónsules, legados diplomáticos, aventuraros… que, sin conocimiento científico,
se lanzaban a la búsqueda ade antigüedades con más o menos fortuna, con más o
menos responsabilidad… En ese sentido podemos ver las minuciosas descripciones
que Botta hace de las paredes de los palacios descubiertos, sus inscripciones y
sus interpretaciones libres de prejuicios, así como la precisión en aspectos
claves como los colores, los ornamentos (claves para identificar culturas y
periodos) o los materiales empleados, así como la búsqueda de paralelismos…
Pero se queda corto. Sería muy interesante (de nuevo, para hacer honor al
título del libro) narrar los siguientes pasos y como del ímpetu de la primera
figura, por relevante y necesaria que fuera se paso a una ciencia. Incluso en
el reduccionismo del desarrollo de la obra, se echa en falta una descripción o
interpretación actual de las palabras del primer descubridor que explique lo
que realmente vio, o un conjunto complementario de planos, fotos o esquemas
actuales. Reivindicación de la figura de Botta sí, explicación del nacimiento
de la asiriología, no.
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