El
árbol de la ciencia, uno de los libros más conocidos y
representativos de Baroja, sin ser necesariamente el mejor, cuenta la historia
de Andrés, un joven que estudia la carrera de medicina e, idealista, parte con
deseos de hacer el bien. Sin embargo, el fatalismo, el destino o el entorno, se
confabulan en su contra, en su vida profesional y personal, hasta llegar a un
trágico desenlace. Las fuerzas del destino, aquellas que atenazaban a la España
del 98, impiden cualquier afán de superación, la inercia de una sociedad
desgastada, arrastra lo poco que tiene de bueno. Y es el que el trasfondo de la
novela es la España caciquil, retrasada, crédula, analfabeta y desmotivada que
se merece todo aquello que le ocurre. Libro que refleja bien el espíritu
noventayochista, en su versión más amarga, aquella en la que no cabe esperar posibilidad
alguna de regeneración. En el mejor estilo de Baroja, seco y austero, con una
excepcional descripción de los ambientes y los tipos humanos, y de Madrid (el
gran escritor del Madrid de la época), con grandes contrastes entre personajes
de una altísima altura moral y los más abyectos, el trasfondo último permite
encontrar algún pequeño rayo de esperanza bajo un argumento característico del
autor: la voluntad que, si bien no es suficiente, se configura como el gran
asidero para que todos, cada personaje, la sociedad y el mismo país, puedan salir
adelante.
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