Considerada una de las mejores novelas de la serie Poirot de Agatha Christie, esta novela representa el arquetipo del estilo detectivesco inglés de la primera mitad del siglo XX: la campiña inglesa como escenario general y, en ella mansiones, lacayos, señores, casas imponentes y escenas cerradas. Misterios imposibles para cuya resolución todos los detalles cuentan: tramas entreveradas, pasados ocultos, personajes misteriosos y, ante todo, exquisitos diálogos y situaciones, propios del mundo aristocrático inglés. Tan representante es de su género que, posiblemente, solo pueda gustar a los fieles del mismo. Como si de un juego de Cluedo se tratase, los sospechosos siempre son los mismos: el mayordomo, la chica descarriada, su novio o algún personaje prominente; y las armas, previsibles, por ejemplo, dagas de plata. Un alegre divertimento con abundantes dosis de sarcasmo e ironía, pero falto de la tensión propia de los derroteros más modernos del género.
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