Considerado el Simenon japonés, Matsumoto
hace justo honor a dicho apelativo en esta magnífica novela que combina hechos
sencillos, con explicaciones complejas basadas en una preparadísima trama,
necesitada de una exhaustiva labor detectivesca por parte del protagonista,
logrando así mantener la intriga hasta el final: los continuos intentos del
inspector Mihara por desenmascarar al principal sospechoso se estrellan contra el
muro infranqueable de una premeditación exhaustiva de su coartada. Finalmente,
la solución se abre a los ojos del lector de una forma sencilla, reveladora,
con un giro final no espectacular, sino sencillo, coherente y casi, evidente.
Todo ello la convierte en una novela referente en su ambientación (sencilla,
pero muy descriptiva de la forma de ser de la sociedad japonesa, con una expresa
crítica social), sus personajes (muy realistas e identificados con su posición
social y laboral, sin necesidad de exhibir poderes y habilidades inhabituales),
su documentación (tremendamente exhaustiva, reflejada en la coartada del
protagonista, eje sobre el que gira la novela) y su estilo (con un lenguaje
minimalista, muy japonés, limpio y claro, alejado de artificios) Una auténtica
obra maestra del género.
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