Segunda novela de la trilogía “La lucha por la vida”, típicamente transicional, entre el realismo naturalista de “La busca” y la políticamente comprometida “Aurora Roja”. En ésta, el protagonista, Manuel, sigue buscando su sitio entre los barrios bajos del Madrid de inicios del siglo XX. Un Madrid que, a pesar de la inmundicia, la injusticia social, la lucha por la vida, no deja de ser un lugar fascinante que Baroja describe como nadie más sabe hacerlo. Los personajes continúan creciendo, aunque actúan en gran medida como espectadores en un escenario que va anticipando el que será el desenlace final de la serie. Así, vemos las guerras entre bandas, la marginalidad, la explotación de los trabajadores, la diferencia de clases y, en definitiva, las diferentes sociedades que conviven, inmiscibles, en el mismo territorio, como si de mundos diferentes se tratase. Y así resulta ser; por un lado el mundo del arrabal, con sus propias normas y códigos y por otra la buena vida, pudiente, limpia, alejada de la pobreza, que aunque no se cita en la obra, por omisión siempre esta presente. Con todo, y en eso se identifica el sello típicamente barojiano, esos dos mundos no llegan a estar definitivamente separados: las buenas acciones, los hombres honestos, el remordimiento ante las injusticias, … en definitiva, el espíritu de superación se nos muestra como la gran fuerza que libera al hombre y que le puede llevar a redimirse. Y es que el triunfo no es esa alta clase social que no aparece, sino que lo constituye la regeneración individual, el hombre por el hombre, como motor de una sociedad basada en la justicia y la fraternidad, el hombre del siglo XX que fundamentado en la rectitud, verdadero motor de los grandes personajes de esta trilogía, permitirás atisbar un nuevo horizonte, un renacer una aurora (roja) que habrá de liberarlo.
lunes, 22 de abril de 2019
“Mala hierba”. Pío Baroja. Caro Raggio
Segunda novela de la trilogía “La lucha por la vida”, típicamente transicional, entre el realismo naturalista de “La busca” y la políticamente comprometida “Aurora Roja”. En ésta, el protagonista, Manuel, sigue buscando su sitio entre los barrios bajos del Madrid de inicios del siglo XX. Un Madrid que, a pesar de la inmundicia, la injusticia social, la lucha por la vida, no deja de ser un lugar fascinante que Baroja describe como nadie más sabe hacerlo. Los personajes continúan creciendo, aunque actúan en gran medida como espectadores en un escenario que va anticipando el que será el desenlace final de la serie. Así, vemos las guerras entre bandas, la marginalidad, la explotación de los trabajadores, la diferencia de clases y, en definitiva, las diferentes sociedades que conviven, inmiscibles, en el mismo territorio, como si de mundos diferentes se tratase. Y así resulta ser; por un lado el mundo del arrabal, con sus propias normas y códigos y por otra la buena vida, pudiente, limpia, alejada de la pobreza, que aunque no se cita en la obra, por omisión siempre esta presente. Con todo, y en eso se identifica el sello típicamente barojiano, esos dos mundos no llegan a estar definitivamente separados: las buenas acciones, los hombres honestos, el remordimiento ante las injusticias, … en definitiva, el espíritu de superación se nos muestra como la gran fuerza que libera al hombre y que le puede llevar a redimirse. Y es que el triunfo no es esa alta clase social que no aparece, sino que lo constituye la regeneración individual, el hombre por el hombre, como motor de una sociedad basada en la justicia y la fraternidad, el hombre del siglo XX que fundamentado en la rectitud, verdadero motor de los grandes personajes de esta trilogía, permitirás atisbar un nuevo horizonte, un renacer una aurora (roja) que habrá de liberarlo.
“El amante”. Marguerite Duras. Círculo de Lectores
Novela de alto contenido erótico y una fuerte componente autobiográfica, en su momento supuso un gran escándalo al abordar temas tabú en la sociedad francesa como el racismo colonial, el sexo entre diferentes razas, la doble moral de la sociedad. Completamente transgresora en el contenido, la novela también lo es en su forma, apenas dialogada, recreando la atmósfera agobiante del trópico y al tiempo, liberadora por su laxitud. Sus personajes, a modo de marionetas cuyo movimiento limitan las coordenadas espacio temporales que les ha tocado vivir, tratan de escaparse, liberarse de las ataduras que el contexto les impone. Y si es falsa la sensación de libertad que llegan a lograr, también lo son las restricciones que les atenazan, siendo capaces de entrar y salir en lo que la rueda del destino les ha deparado. Una novela necesaria, evocadora, sutil, dura que recrea una historia poco conocida, pero que ayuda a explicar realidades del presente.
“Catilinarias”. Marco Tulio Cicerón. Alianza Editorial

Extraordinaria edición de un texto clásico, los cuatro discursos que, a mediados del siglo I a.C. el cónsul Cicerón, dio contra Catilina, el romano enemigo de Roma, y que nos retrotraen a un momento fascinante en el que la república aristocrática manda ya señales de alarma, que permiten atisbar la llegada de un nuevo orden: la dictadura de Cesar y el imperio. Como es bien sabido, y como era habitual, estos discursos fueron redactados por su autor pasados unos años de haber sido dados, cuando ya el propio Cicerón empezaba a ser un personaje marginal, que quería recuperar el prestigio que su decisiva labor contra la conjura de Catilina supuso, reivindicándose al tiempo que notaba que su tiempo estaba pasando y que nuevos actores (o no tan nuevos, pues tanto Craso como César tuvieron una participación no del todo aclarada en la conjura) tomaban las riendas y el protagonismo en la república. A pesar de ese matiz laudatorio y justificativo, su vibrante prosa, su nervio, su tensión, permiten vivir en varias jornadas la secuencia de unos hechos que marcaron definitivamente el devenir de Roma y, con ella, del mundo occidental; un ejemplo de oratoria y, al tiempo, de acción política que, con el paso del tiempo, no pierde frescura, e incluso permite identificar reminiscencias en sucesos parecidos de tiempos recientes en los que de nuevo podría enunciarse su famoso “Quo usque tandem abutere patientia nostra?” a más de un representante político.
sábado, 16 de febrero de 2019
“Los perros duros no bailan”. Arturo Pérez Reverte. Alfaguara
Es esta una historia de amistad. De
amistad, fidelidad y valores; valores como solo los pueden tener los perros, en
esta novela, trasuntos nobles de humanos, desamparados y maleados por la vida,
pero que viven rodeados de dignidad. Los habituales antihéroes de las novelas
de Pérez Reverte son, en este caso, perros de diverso tipo: patibularios,
consentidos, vividores, más o menos castigados por la existencia, pero que, a fuerza
de haber luchado y vivido, conocen el alma perruna (¿humana?) y tienen
capacidad para mantener un espíritu elevado y libre. El argumento es sencillo:
un perro es robado para dedicarlo a las peleas ilegales; enterado de ello su
mejor amigo, un excombatiente, famoso por su valentía y ferocidad en la arena,
elige dejar de lado la comodidad, el mirar para otro lado, y aún riesgo de su
propia vida, busca a su amigo para rescatarlo, porque es su deber. Entre medias
un mundo sórdido, el de las peleas de perros, y una perspectiva poco usual (la
canina), gestionada con una gran solvencia literaria, y que permite decir cosas
que serían políticamente incorrectas en labios de un humano, aunque fuera de
ficción. Con su maestría habitual, Pérez-Reverte habla de emociones, nobleza y
amistad, sus temas habituales, pero con una intensidad fuera de lo normal, la
intensidad de los sentimientos de nuestros mejores compañeros.“El hombre de la dinamita”. Henning Mankell. Tusquets
Antes de crear el fabuloso
personaje de Kurt Wallander, Mankell se adentró por otros universos literarios.
Entre ellos la crónica social. Sin renunciar a la ficción, en este duro libro
en formato novelado, Mankell nos acerca la historia de un personaje real de
principios del siglo XX, un dinamitero accidentado de joven que tuvo que luchar
toda su vida para salir adelante en las peores condiciones. Es la historia de
un hombre, pero también de una Suecia muy diferente al conocido paraíso
socialdemócrata en que devino a finales del siglo XX. También es la historia
del movimiento obrero sueco y del incipiente socialismo revolucionario. Con un
estilo sobrio, periodístico y una atrevida estructura narrativa, la novela se
convierte en la crónica social de los desamparados que, tanto en Suecia, como
en otros países, siempre han sido los humildes, los trabajadores relegados a
empleos duros que nadie quiere; y al tiempo es el relato de sus necesidades
vitales, sus esperanzas e inquietudes. Una magnífica novela para recordar cosas
que quedaron atrás en la evolución de las sociedades capitalistas y que nunca
deberían volver a repetirse.sábado, 9 de febrero de 2019
“Moriría por tí y otros cuentos perdidos”. Francis Scott Fitzgerald. Anagrama
“El primer siglo después de Beatrice”. Amin Maalouf. Alianza
Las novelas de Amin Maalouf suelen basarse en la fijación de una tesis
fundamental, una idea fuerza descollante, y brillante envoltorio de ficción que,
al tiempo que exquisito en la forma, es sencillo, cálido y cercano. Todo ello
constituye libros bellos en lo formal, de gusto agradable, que dejan la
sensación de que el tiempo empleado en su lectura, es tiempo ganado para el
corazón del lector. En “El primer siglo después de Beatrice”, la tesis desborda
la ficción que, aún estando al servicio de la primera, queda excesivamente
subordinada, resultando algo naïf. Frente a una novela con trasfondo, como
puede ser la exquisita “Samarcanda”, o “La Roca de Tanios”, e incluso la magistral “León
el Africano”, en este caso las tesis se agolpan en la novela, dejando un mínimo
espacio a la trama, que apenas puede levantar cabeza. No es un libro malo, todo
lo contrario, la prosa agradable y elegante de Maalouf es evidente, pero el
conjunto de ideas sobre la que el autor nos quiere hacer reflexionar (las
migraciones como base de la evolución, la intolerancia entre el primer y el
segundo mundo, el feminismo, la necesidad de renovar las tradiciones… todos
ellos, temas típicamente suyos) resulta apabullante y desplaza la trama a un
segundo lado. Más que una novela, el libro constituye un manifiesto, cuidado,
eso sí, sobre las inquietudes del autor, pero queda lejos de las obras (maestras)
de ficción que adornan su carrera.
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