domingo, 10 de enero de 2016

“La figura de la alfombra”. Henry James. Impedimenta.

Magnífico relato del imprescindible Henry James, sobre la percepción de la literatura. Un suspense (no terrorífico) mantenido a lo largo de toda la obra lleva al lector a preguntarse sobre las razones últimas de la escritura, su espontaneidad, la percepción de la misma y, quizás, sobre los oficios del crítico y escritor. Con su habitual maestría y sutil sentido del humor, esta agradable obra entra dentro de las temáticas preferidas de James y su tiempo: la creación artística y la percepción externa de la misma, con evidentes paralelos en otros títulos del autor como “Historia de una oibra maestra” , o “La lección del maestro”. A mi juicio lo mejor del estilo de James se manifiesta en las obras de contraste entre las sociedades americana y europea; esta, sin embargo, viene a ser un divertimento, un pequeño juego que, con maestría y destreza, atrapa y arrastra al lector, que se siente un personaje más, un trasunto del narrador, que desea conocer “el secreto” de la creación literaria, buscando la respuesta hasta la última página. Como siempre que se lee a James, no decepciona. 

sábado, 9 de enero de 2016

“Samarcanda”. Amin Maalouf. Alianza Cuatro.

“Mi único sueño, mi única ambición, es tener algún día un observatorio, con un jardín de rosas y contemplar el cielo hasta perderme en él, con una copa en la mano y una hermosa mujer a mi lado”. Estas palabras, que el autor pone en boca de Omar Jayyam, bien podrían ser una declaración de principios, el resumen su planteamiento vital, su filosofía de vida. Omar Jayyam fue la gran personalidad cultural de Persia en los siglos XI y XII. Médico, astrólogo, matemático, físico, poeta, realizó aportaciones fundamentales a estas disciplinas, desde fijar el canon poético sufí con sus cuartetas (rubbaiyat), hasta ser el precursor de la geometría no euclidiana. Tachado de impío por los sectores más extremistas de su época, a su lado se revelan las fuertes contradicciones de su época: desde el intento de desarrollar un despotismo ilustrado por el visir Nizan el Moluk, al extremismo integrista de Hassan Sabbah, fundador de la secta de los Asesinos. Con este delicioso libro, de estilo cálido, dulce y sumamente poético, el libanés Amin Maalouf nos acerca, no sólo a la figura de Omar Jayyám, personalidad trascendental de la cultura persa, sino a algunas de las claves necesarias para comprender el convulso oriente medio actual: la fratricida y secular guerra civil que vive el Islam, el fanatismo, la pasión por la vida, la opresión colonialista… Maalouf, autor,  a caballo entre Oriente y Occidente emplea la figura de Jayyam, y sus ecos en la Persia del siglo XIX, para disertar sobre los extremismos, que constituyen el germen de muchos de los problemas de hoy en día. Howard Baskerville, americano que luchó en la revolución constitucional iraní de inicios del siglo XX y personaje de la novela, ya lo anticipó:  “Tengo la profunda impresión, en este comienzo de siglo [XX], de que si Oriente no consigue despertarse, pronto Occidente no podrá dormir jamás”. La novela, que se articula en torno al manuscrito de las célebres cuartetas de Omar Jayyam, es un canto al amor, la vida y la paz. 

sábado, 12 de diciembre de 2015

“Meditaciones sobre la existencia de Dios”. René Descartes. Taurus.

Dentro de la colección  Great ideas de Taurus, este volumen recoge, de forma aplicada, las bases del sistema filosófico de Descartes, precursor del racionalismo: la duda como base para el pensamiento científico (duda metódica) y el pensamiento racional como punto de partida de todo sistema filosófico (pienso, luego existo). Partiendo de la duda sobre su propia existencia (¿puede nuestra vida ser un sueño?), por deducción lógica va estableciendo bases ciertas que, como cimientos, sirven de fundamente para el resto de deducción. Así, el mero hecho de pensar permite deducir la existencia y a partir de una serie de propuestas que el mismo se cuestiona, por deducción lógica, llega a la inevitabilidad de la existencia de Dios. Pero con ello Descartes fue más allá, y estableció las bases del método científico: cuestionar, deducir, razonar, en un momento en que los avances científicos empezaban a chocar con la filosofía tradicional basada en Tomás de Aquino y Aristóteles y, sobre todo, con la Iglesia. A pesar de su interés, es un libro de lectura complicada, algo arisco. El estilo literario, sus continuas idas y ven idas sobre las ideas de partida para atacarlas desde todos los ángulos y comprobar así su fiabilidad, requieren una lectura sosegada y no apresurada y, sobre todo, invitan a una postlectura en la que, con planteamientos actuales, y haciendo abstracción de las verdades científicas, podríamos hacernos las mismas grandes preguntas. ¿Cuáles serían las respuestas?

“El elogio de la educación”. Mario Vargas Llosa. Taurus.

Hace unos años, con gran acierto, la editorial Taurus creo una colección de pequeño formato en la que recoge pasajes y secciones de obras clave del pensamiento humano. A ella pertenece este “Elogio de la Educación”, conjunto de textos breves de Mario Vargas Llosa que permiten recorrer su pulso vital desde sus inicios como escritor hasta la entrega del premio Nobel. Su estilo elegante permite adentrarnos en su coherente pensamiento, que sitúa a los libros, la lectura y la profesión de escritor en lo más alto de la cultura y la educación del hombre, siendo los referentes ineludibles de nuestro discurrir como seres sociales y racionales, como humanos. Fiel a su compromiso como autor y ciudadano (“el trabajo literario conlleva una responsabilidad que no se agota en lo artístico y está indispensablemente ligada  a una preocupación moral y una acción cívica” dice), Vargas Llosa reivindica los libros y lo que su mera existencia implica que siempre tiene que ver con la libertad. Al tiempo que defiende la consecuencia inmediata de la lectura, la educación, el autor analiza su carácter revolucionario, constatando cómo las sociedades avanzadas tienden a considerar, cada vez más, la literatura como una forma intrascendente de pasar en tiempo en contraposición a los regímenes con libertadas recortadas donde autores, libros y lectores, son considerados peligrosos y germen de rebeldía. Y es que “la literatura, no sólo entretiene, sino que sirve para preocupar, alarmar e inducir a la acción por una buena causa”.

“Un espía entre amigos”. Ben Macintyre. Crítica.

Excepcional ensayo que narra, en forma novelada, la trayectoria del más famoso espía soviético de todos los tiempos, Kim Philby, el Tercer Hombre, líder del grupo de Cambridge; arquetípico caballero inglés que hizo de su vida un continuo engaño: a amigos, esposas, jefes, subalternos…. Con una amplia, minuciosa y apabullante base documental, la obra de MacIntiyre se convierte en un apasionante libro de estilo del espionaje durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Al margen de la trayectoria humana de Philby y su entorno, el libro hace un retrato fiel del juego de espejos entre los diferentes servicios secretos, inicialmente el MI6 y la KGB y, posteriormente, además, la CIA, y cómo la principal arma de que se valían, frente a los actuales desarrollos tecnológicos, era la inteligencia humana. Los agentes que por ella discurren eran espías de verdad, no super agentes. De lectura ágil, es un libro que engancha y que retiene la atención del lector quien, inevitablemente, acaba pidiendo más. La gran calidad literaria del autor, columnista y reportero del NY Times, crea una obra amena y entretenida, que conjuga perfectamente rigor con entretenimiento.

“Berlín Alexanderplatz”. Alfred Döblin. Cátedra.

Berlín Alexanderplatz es la exaltación del Berlín de entreguerras. Cuenta la historia del expresidiario Franz Biberkopf, quien se deja llevar por una ciudad rutilante, excesiva, y dura. Los vaivenes de Franz  se enmarcan en el paisaje de las clases bajas de Berlín, y su forma de vida: los oficios, el contrabando, la delincuencia, .. la supervivencia; a pesar de ello, no es una novela determinista: el camino de la redención es posible, y Franz, con todo, es capaz de atisbarlo. De difícil encuadre estilístico, “Berlín Alexanderplatz” es una novela sorprendente, incapaz de dejar indiferente al lector. El narrador, omnipresente, guía los pasos del lector quien, como un espectador más, asiste a una representación frenética, ágil, intensa, en la que los personajes actúan como si de un teatro se tratase. No es una prosa convencional: se alternan canciones, noticias de prensa y refranes de la época, que aportan un gran valor añadido, más allá del literario. No es una novela de lectura fácil, la velocidad de los movimientos de los personajes, su carácter coral, las continuas disgresiones, requieren una atención que se ve compensada por una descomunal presentación de una gran Berlín, más allá su imagen habitual en la época; frente a los cabarets y las vanguardias, la vida real.

sábado, 14 de noviembre de 2015

“El agente secreto”. Joseph Conrad. Anaya.

La mítica colección “Tus Libros”, de Anaya es la encargada de acercar al público juvenil esta desconocida, pero no menor, obra de Conrad. En ella se relata la historia del señor Verloc, agente al servicio de una potencia extranjera en Londres quien recibe la instrucción de instigar un atentado para el que no está preparado. La maestría de Conrad en el retrato psicológico de sus personajes y su elegante prosa descriptiva permiten acercarnos al gris mundo de los suburbios londinenses y del fervor anarquista de comienzos del siglo XX. No es una novela moralizante, y mucho menos de tesis política; se trata de una obra de tintes periodísticos que, al igual que “El corazón de las tinieblas” , escrita unos años antes, transmite al lector una realidad, la realidad de los juegos de fidelidades y traiciones entre los personajes y sus ideas: el aburguesado agente secreto que desconfía de sus ideales; el policía de raza que desconfía de su superior jerárquico; el anarquista de acción que desconfía de los activistas de la palabra; y, sobre todo, Minnie, la abnegada mujer de Verloc, que desconfía de todos y solo cree en la fuerza de los sentimientos. El tono más satírico que brulón de Conrad, eleva esta pequeña novela a la categoría de obra de referencia, tanto histórica, como literaria y, por qué no, de entretenimiento, pues la intriga y el desenlace final, se encuentran a la altura de la tradición británica de literatura de intriga.