En la excepcional película de
Anthony Mingella “El paciente inglés”, el conde Laszlo Almásy se nos presenta
como un personaje sensible, culto, y amable, que expone su vida por la mujer
amada, y que vive para la exploración en el desierto. Esta obra, en cambio, nos
revela a otro Almásy, el real, un explorador agresivo, aliado de los nazis, un referente
incluso para sus adversarios… un personaje que en nada se parece al
protagonizado por Ralph Fiennes, pero que no por ello pierde su aura mística.
La búsqueda de Zerzura es quizás, la última gran aventura mítica del mundo de
los exploradores: la lucha por vencer al inmenso desierto libio en pos de un
paraje soñado, de grandes paredes blancas, con un fabuloso palacio lleno de
joyas, y dominado por el canto de los pájaros. Sin historias de amor, esta es
igualmente una gran historia en la que los caracteres de hombres intrépidos, principalmente
británicos, les convierte en héroes, expuestos a las grandes extensiones de
arenas, las dunas, los cañones, la falta de agua, los bandoleros…. Y frente a
los héroes, los antihéroes, dotados de sus mismos adornos, pero situados en el
bando equivocado. La presencia de Almasy, algo desdibujada, intuida, ya que la
obra se basa en los datos de los exploradores británicos, más abundantes,
arrastra un halo de intemporalidad, es la presencia que se supone y se espera,
y que le magnifica sin haber llegado a descubrir la ansiada joya tras la que
todos gravitaban. Un libro apasionante, quizás demasiado prolijo en las
descripciones de los tránsitos de los exploradores por el desierto, pero
revelador de un cambio de era, en el que los grandes exploradores, auténticos
héroes, empiezan a ser sobrepasados por las nuevas tecnologías, y las nuevas
necesidades: ya no son necesarios míticos oasis de leche y miel, sino rutas
seguras para el transporte de tropas. Con todo, los ecos de la historia cinematográfica
ayudan a disfrutar del libro, ponen color a los oasis y permiten recrear una
historia que no fue y nos gustaría que hubiera sido, y otra que fue y no
desmerece por haber sido.miércoles, 3 de julio de 2019
“El oasis perdido. Almasy, Zerzura y la guerra del desierto”. Saul Kelly. Desperta Ferro ediciones.
En la excepcional película de
Anthony Mingella “El paciente inglés”, el conde Laszlo Almásy se nos presenta
como un personaje sensible, culto, y amable, que expone su vida por la mujer
amada, y que vive para la exploración en el desierto. Esta obra, en cambio, nos
revela a otro Almásy, el real, un explorador agresivo, aliado de los nazis, un referente
incluso para sus adversarios… un personaje que en nada se parece al
protagonizado por Ralph Fiennes, pero que no por ello pierde su aura mística.
La búsqueda de Zerzura es quizás, la última gran aventura mítica del mundo de
los exploradores: la lucha por vencer al inmenso desierto libio en pos de un
paraje soñado, de grandes paredes blancas, con un fabuloso palacio lleno de
joyas, y dominado por el canto de los pájaros. Sin historias de amor, esta es
igualmente una gran historia en la que los caracteres de hombres intrépidos, principalmente
británicos, les convierte en héroes, expuestos a las grandes extensiones de
arenas, las dunas, los cañones, la falta de agua, los bandoleros…. Y frente a
los héroes, los antihéroes, dotados de sus mismos adornos, pero situados en el
bando equivocado. La presencia de Almasy, algo desdibujada, intuida, ya que la
obra se basa en los datos de los exploradores británicos, más abundantes,
arrastra un halo de intemporalidad, es la presencia que se supone y se espera,
y que le magnifica sin haber llegado a descubrir la ansiada joya tras la que
todos gravitaban. Un libro apasionante, quizás demasiado prolijo en las
descripciones de los tránsitos de los exploradores por el desierto, pero
revelador de un cambio de era, en el que los grandes exploradores, auténticos
héroes, empiezan a ser sobrepasados por las nuevas tecnologías, y las nuevas
necesidades: ya no son necesarios míticos oasis de leche y miel, sino rutas
seguras para el transporte de tropas. Con todo, los ecos de la historia cinematográfica
ayudan a disfrutar del libro, ponen color a los oasis y permiten recrear una
historia que no fue y nos gustaría que hubiera sido, y otra que fue y no
desmerece por haber sido.“Clarissa”. Stephan Zweig. Acantilado
Si no es porque Zweig tiene
muchas “mejores novelas”, esta sería sin duda, una de ellas. Clarissa es la
historia de una joven, nacida en el seno de una tradicional familia austríaca,
en el momento previo a la Gran Guerra. Su padre, militar, la dota de una
educación estricta, tradicional, imperial. Como ayudante de un doctor conoce a
un hombre que, por su nacionalidad, francés, pasados unos meses, se convertirá
en enemigo de su patria. Y esto, justamente, constituye la trama principal del
libro: la peripecia vital de una mujer atrapada por las circunstancias, que
desea ser libre en un mundo que, dominado por la guerra y por sus condicionantes
geopolíticos, la obligan a sobrevivir. De nuevo una novela que refleja el
desencanto de Zweig por la marcha del mundo, con la caída del orden tradicional
y la llegada de una nueva Europa, supuestamente más moderna, pero inquietante,
con heridas abiertas, y la sensación continua de ser los hombres marionetas del
destino, condicionados sus afanes por la realidad, con la tristeza por la
pérdida de la vida anhelada y de los referentes… y entre todo ello, una vez
más, un personaje femenino potente, que se convierte en una heroína muy típica
del autor: no necesita hacer nada excepcional, simplemente sobrevivir y ahí, en
la capacidad para aceptar y adaptarse al destino, reside la verdadera fuerza,
el comportamiento ejemplar, la heroicidad. “Una buena chica. Mary Kubica. Harper Collins
Interesante thiller que cuenta la historia de una chica secuestrada tras una
noche de copas para pagar una deuda de sangre. Todo se tuerce y el sicario que
la secuestra decide huir, y secuestrarla. La convivencia durante varias semanas
en una aislada y apartada casa de montaña permite desarrollar las relaciones entre
ambos, secuestrador y secuestrada, que condicionan el desenlace final. Planteada
como una mezcla de tres historias que convergen: la previa al secuestro, la
posterior, y la trama policíaca para resolverlo, esta novela, con todos los
tics habituales del género en el mundo anglosajón, sin ser una obra imprescindible,
resulta recomendable para pasar un buen rato. La trama es interesante, aunque
el desenlace parece ser previsible. Sin embargo, todo da un giro al final.
Quizás, demasiado al final como para disfrutar completamente de las
posibilidades que el desenlace ofrece.“Tamara de Lempicka. Reina del Art Decó”. Museo Palacio de Gaviria, Madrid. Del 5 de octubre de 2018 al 26 de mayo de 2019.
Excepcional exposición de una
figura reconocible por el gran público debido a la singularidad de su obra,
pero formalmente desconocida por alejarse de los grandes circuitos museísticos.
La pintora y fotógrafa polaca se nos revela en esta exposición como un espíritu
libre, dotado de una personalidad apabullante, auténtica líder cultural,
original, exquisita y glamurosa y dotada de una capacidad como pocas para
generar debate: por su estilo, por sus temas, por su vida. La exposición del palacio
de Gaviria es, además de una muestra de altísimo nivel artístico, con una gran
parte de sus obras más representativas, un reflejo de la vida de los años veinte,
esos locos veinte de Scott Fitzgerald que tiene su mejor trasunto artístico en la
obra de Lempicka. Dominando el panorama, coqueteando con las vanguardias,
Tamara se constituye a sí misma en la vanguardia, con una obra intensa, emotiva,
soñadora, alegre y al tiempo profunda, hija de su tiempo, donde la huida hacia
adelante no acalla las voces interiores de drama y desarraigo del mundo de
entreguerras.lunes, 1 de julio de 2019
“Alberto Giacometti”. Museo Nacional del Prado, Madrid. 2 de abril a 7 de julio de 2019.
La
inquietante modernidad de las figuras de Giacometti ubicadas en la Galería
Principal del Prado y en algunas de sus salas más emblemáticas, como la de las
Meninas, constituyen un justo homenaje a un autor que, desencantado con el
surrealismo, aún a costa de aislarse del mundo artístico de su tiempo, volvió la
vista atrás buscando referente. Los maridajes
que la exposición propone parecen expresamente diseñador por el propio autor:
la confrontación de sus figuras alargadas con los cuadros del Greco o las
figuras de la pìazza frente a las
Meninas, permiten el doble disfrute de las obras por separado y el atractivo
contraste que suponen. Frente a la formalidad y el realismo de los grandes maestros
barrocos, las esculturas silentes e intemporales de Giacometti alumbran una concepción
artística no tan lejana: como aquellos, el escultor ocupa el espacio, desde el
vacío, como contrapunto a la exuberancia pictórica. Una confrontación que en
absoluto desentona y que merece la pena ser admirada.“La escalera del hotel” y “Ensayo sobre el imperio austríaco”. Franz Werfel. Mármara

La
obra que presenta la editorial Mármara bajo el título genérico de “La escalera
del hotel” supone una exquisita aproximación al mundo inmediatamente posterior
al final de la Primera Guerra Mundial y la consiguiente desaparición de la monarquía
austrohúngara. Incluido inicialmente en un volumen de relatos breves, “La
escalera del hotel” narra, deliciosamente, las sensaciones que una joven
experimenta en el breve lapso en que sube por las escaleras de un hotel de lujo
y se enfrenta a su destino matrimonial. El ascenso, trasunto de su vida hacia
un ideal feliz representado por la gran araña de cristal la permite hacer reflexiones
impregnadas por el recuerdo de un mundo que fue, el imperial, con sus normas,
sus tradiciones, y sus sistemas de valores, y la llevan a preguntarse a sí
misma cuál es su verdadero tiempo, el anterior, que constituye un refugio por
conocido, o el moderno, al cual debe adaptarse, pragmáticamente, pero que le genera
dudas. Y en ese contexto tiene máximo interés el ensayo histórico del autor que
fue, además, la introducción al volumen de relatos anteriormente citados. En su
“Ensayo sobre el imperio austríaco”, Werfel desarrolla su teoría sobre los imperios
y su necesidad, y tras relatar la historia del imperio, se explaya en la
añoranza de su último emperador Francisco José al que elogia como garante de la
unidad del imperio y su idea, frente a los nacionalismos que considera
demoníacos por opuestos al imperio en sí y, sobre todo a la idea de universalidad
atemporal que atesora. Ambas obras constituyen un acercamiento imprescindible a
una época, y permiten comprender (aunque pueda no compartirse) el trauma que la
caída del centenario imperio supuso para gran parte de sus súbditos y el
tránsito que aquel hito supuso a una concepción contemporánea de la forma de
gobierno.
“Fra Angelico y los inicios del renacimento en Florencia”. Museo Nacional del Prado, Madrid. 28 de mayo a 15 de septiembre de 2019.
La
restauración de “La Anunciación” de Fra Angélico, es el leit motiv de la exposición en la que el retablo, recientemente
restaurado, puede disfrutarse en todo su esplendor, descubriendo la intensidad
de sus azules y dorados, la suavidad de formas y rostro de la virgen (ya
alabada por contemporáneos y grandes artistas posteriores, como Miguel Ángel)
y, mediante un excelente documental, todo el proceso de restauración. Esta
exposición nos muestra a Fra Angélico en contexto, y nos recuerda que fue el
primer autor moderno del renacimiento italiano, el primero que libera a los
cuadros de sus marcos góticos y adopta la palla
quadrata, el primero que elimina los fondos dorados y nos muestra paisajes
que complementan la historia; y en un arranque de modernidad, el primero que
impone su personalidad y adopta innovaciones de otros autores (como
Brunelleschi, en la perspectiva) y propias (la presencia marginal de Adán y
Eva). Ya alabado en su momento y conocido como “el divino angélico”, vemos como
es un autor terrenal, no inspirado, sino muy humano, que corrigió su obra más
de una vez, tratando de ajustarse a las nuevas técnicas de pintura, tanto en
los materiales, como en la composición, manteniendo el simbolismo religioso,
pero abriéndolo a un nuevo plano en el que la belleza formal juega un papel
predominante. El conjunto de obras que acompañan la anunciación lo ponen en
contexto con los grandes artistas precedentes y del momento, ilustrando este
momento de florecimiento cultural y de cambios trascendentales en la historia
del arte, a modo de esta imprescindible clase magistral que permite entender
las bases de la pintura religiosa renacentista.
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