Precioso cuento
sobre el poder de los libros y la obsesión que pueden llegar a generar. Una muerte
accidental, un libro aparentemente maldito (una obra de Conrad revestida de
cemento) apuntan a una trama mistérica que, de forma ágil, elegante y
brillante, el autor convierte en otra muy distinta: la necesidad de controlar
el conocimiento albergado en una biblioteca, saber exactamente qué libro
alberga cada idea, el control sobre el conocimiento y, en sentido opuesto, el
caos y la ansiedad que genera una biblioteca sin referencias, una suerte de horror
vacui inverso, el exceso de información no controlada. Un cuento breve, exquisitamente
escrito que, además, deja en el paladar del lector, agradables regustos
literarios contextuales que se alinean perfectamente con la trama.

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