Utilizando el
ajedrez como tema narrativo, el autor nos introduce sutilmente en el horror de
la Alemania nazi y la decadencia humana que supuso el holocausto judío y el
trato de los encerados en los campos de exterminio. No es, con todo, una novela
que se recree en los detalles más morbosos de la época, antes bien los evita,
pero con la habilidad para permitirles estar presentes, aún sin protagonismo. Un
empresario austríaco aparece muerto en su casa tras el encuentro con un jugador
brillante de ajedrez que fue discípulo de una gran promesa derribada por la
oleada antisemita nacionalsocialista. Encerrado en un campo, sobrevive gracias
al encuentro con su antiguo rival del tablero, en ese momento, director del
campo. La necesidad de usar el ajedrez le lleva a desarrollar una variante que constituirás
la trama de fondo de la novela. De lectura fácil y absorbente (empieza con una
trama misteriosa y poco a poco, el argumento va virando al pasado de los
protagonistas), adolece de un cierre mal definido, en el que la historia se
intuye pero falta rematarla adecuadamente.

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