Cuando el principal
valor de una 0obra literaria es el reivindicativo, corre el riesgo de pasar de
moda cuando ese motivo deja de interesar. Algo así ocurre con esta pequeña obra
de Anais Nin, posiblemente rompedora en su momento, reivindicando a una mujer
sexualmente libre, sin ataduras, que experimenta relaciones a espaldas de su
marido. Una situación plenamente demodé en pleno siglo XXI y que, ni
siquiera, puede utilizar el morbo como reclamo. El lenguaje preciosista, el
envoltorio, digamos, del concepto no es siquiera relevante. Ciertamente, los
aspectos formales son cuidados, la lectura es ágil y amena, las ideas se
expresan con nitidez, y se lee con cierto agrado; pero ello no implica que sea
una gran obra literaria. Y cuando solo queda el envoltorio y este no merece la
pena por si mismo, el conjunto de la obra, tampoco.

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