Stephan Zweig pone su maestría narrativa al servicio de un tema complicado para la sociedad de tradición prusiana de su época: la homosexualidad y su ocultación, el conflicto que genera, contraponiendo su en su valoración mediante el personade de un profesor brillante, injustamente olvidado por su condición sexual. En esta pequeña novela Zweig aborda, de forma bastante explícita, la homosexualidad y el conflicto que suponía en su tiempo y lugar. Un estudiante díscolo encuentra inspiración asistiendo a la clase de un profesor magistral: inspirador, cautivador y brillante que, no obstante, parece afectado de una extraña bipolaridad. La cercanía a su pupilo la alterna con el rechazo más despiadado; la brillantez de su oratoria, con la mezquindad del trato cercano; la alegría, con la pesadumbre. El protagonista se ve arrastrado así a una confusión de sentimientos en la que juega un papel crucial la mujer de su mentor, que guarda un profundo secreto con su pareja. De forma progresiva, envolvente, gracias a la rotundidad narrativa de Zweig, a la fogosidad de la descripción de los sentimientos de los tres protagonistas, los hechos se desencadenan y culminan en las confesiones finales de los protagonistas, que muestran sin tapujos sus sentimientos y, aunque sujetos a la rígida moral de le época, revelan la humanidad de los personajes. Brillantemente, Zweig describe la relación de adoración de Roland, el estudiante, que no es capaz de vislumbrar la adoración física que su profesor siente por él; La fascinación intelectual que por él siente, le impide ver la atracción que genera y de la que el propio profesor y su mujer tratan, de distinta manera, de alertarle. Zweig, finalmente, absuelve a su personaje, reflejando así su profunda impronta humanístico, trascendiendo la moral del momento.
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