Tan magnífica como inclasificable, la primera parte de la “trilogía de Nueva York” de Paul Auster, es un alegato sobre el poder de las palabras, la metaliteratura y la belleza urbana de Nueva York. Quinn, un escritor confundido con un investigador llamado Paul Auster, es requerido por el hijo de un preso a punto de ser puesto en libertad para protegerle de su propio padre. Adoptando el personaje de Paul Auster, Quinn, se embarca en una obsesiva persecución llena de trampantojos (incluyendo la aparición del propio Auster y su familia), con referencias a Cervantes (incluyendo una soberbia teoría sobre autoría y realidad en El Quijote), reflexiones sobre la personalidad y la locura, el anonimato en las grandes ciudades y los contrastes entre sus habitantes y, sobre todo, un exquisito dominio del ritmo y la narración. Novela absolutamente genial, sin altibajos, rematada de forma brillante. Una auténtica obra maestra.
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