Si se busca en este libro un ensayo razonado sobre lo que de bello tiene la lectura, no se encontrará; o al menos, no se encontrarán razonamientos, ideas, opiniones, o juicios. En cambio, esta obra se concibe como un ejercicio de autobombo del autor que pretende exhibirse a sí mismo a través de una prosa florida, pero vacía de contenido, buscando, quizás, que la lectura del mismo evoque la belleza de su escritura; es decir, es una reivindicación no de la lectura, en general, sino de su escritura en particular. Y, efectivamente, se muestra dominio de la palabra pero no un análisis, una explicación, una valoración de que tiene de bella la lectura. Muestra cierto interés la segunda parte (quizás de menos valor estético que la primera, pero de mucho mayor contenido) en cuanto a las referencias eruditas sobre el obispo Ambrosio o Agustín de Hipona, justificando aquí el título de la obra. También interesa la narrativa de ciertas experiencias personales, pero en el conjunto, prima el artificio. Y, aprovechando que el autor menciona a Baroja, debería quedar como reflexión que la escritura, al igual que la de don Pío, cuanto más sencilla, más profunda es.
domingo, 18 de enero de 2026
“La belleza de la lectura”. Jose Antonio Cordón. Eolas
Si se busca en este libro un ensayo razonado sobre lo que de bello tiene la lectura, no se encontrará; o al menos, no se encontrarán razonamientos, ideas, opiniones, o juicios. En cambio, esta obra se concibe como un ejercicio de autobombo del autor que pretende exhibirse a sí mismo a través de una prosa florida, pero vacía de contenido, buscando, quizás, que la lectura del mismo evoque la belleza de su escritura; es decir, es una reivindicación no de la lectura, en general, sino de su escritura en particular. Y, efectivamente, se muestra dominio de la palabra pero no un análisis, una explicación, una valoración de que tiene de bella la lectura. Muestra cierto interés la segunda parte (quizás de menos valor estético que la primera, pero de mucho mayor contenido) en cuanto a las referencias eruditas sobre el obispo Ambrosio o Agustín de Hipona, justificando aquí el título de la obra. También interesa la narrativa de ciertas experiencias personales, pero en el conjunto, prima el artificio. Y, aprovechando que el autor menciona a Baroja, debería quedar como reflexión que la escritura, al igual que la de don Pío, cuanto más sencilla, más profunda es.
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